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Corrientes Subterráneas. MEMORIAS DEL SUBSUELO

Corrientes Subterráneas. MEMORIAS DEL SUBSUELO

De Fiódor Dostoyevski

Mtra. Aurora Ruiz Vásquez

(Septiembre  1922-Abril 2016)

 II parte

Dostoyevski, en sus escritos, señala la realidad, luego el sueño y el ensueño, para volver otras vez a la realidad.

Anticipa, especula con su imaginación los posibles hechos que pudieran suceder y luego vuelve a la realidad.

En una escena se reúne con sus condiscípulos casi en forma forzada pues no lo han invitado, no le hablan, les parece un ser despreciable; al fin quedan en reunirse en un café a las cinco de la tarde para despedir a uno de ellos. Se presenta puntual y tiene que esperar una hora, ya que han cambiado la cita a las seis, sin avisarle, eso le exaspera, lo enfurece y siente deseos de venganza, agredir a alguien hasta el grado de batirse.

En la  reunión  toman alcohol hasta perder la conciencia, a él lo hacen a un lado, se siente humillado y enfurecido. Salen de ahí hacia un prostíbulo, él no tiene dinero, pide prestado. Entran en un subterráneo oscuro donde apenas se distinguen unos ojos inmóviles que brillan en los rincones. En uno de ellos con el reflejo de la luz de un cabo de vela que se consume, advirtió  a alguien que tímidamente le sonreía, se acercó.

Unos ojos penetrantes lo siguieron. Cuando la oscuridad se hizo total y el silencio se impuso, después de unos momentos  que pasó la emoción, se atrevió a hablar.

-Cómo te llamas?

-Lisa.

-¿Cuántos años tienes?

-Catorce.

Sintió un sentimiento atroz, producto del romanticismo y le habló de manera paternal, explicándole los peligros a que estaba expuesta, el porvenir fatal que le esperaba. Lisa hundió la cara en la almohada, bañada de llanto.

Él, arrepentido, avergonzado, se odiaba a sí mismo por haberla mortificado por cosas sin importancia. Llegó a su casa trastornado como un loco pensando en Lisa, quien tal vez lo buscaría, pues le había dado su dirección. No quería verla para que no descubriera la pobreza en que vivía y a la vez la esperaba para pedirle perdón.

Lisa llegó una tarde y lo desconcertó. Después de unos minutos de silencio no sabía qué hacer, cómo tratarla; ella le mostró una carta de un enamorado de su infancia que la exaltaba, demostraba con orgullo que también era digna de despertar un amor honrado.

En la visita hubo momentos de silencio, después él pensaba: ¿A qué hora se va? ¿la quiero o la odio? Estaba furioso consigo mismo.

-¿A qué has venido?

-Quiero…irme… para siempre… de allá abajo, del sótano, dijo ella para romper el silencio.

A partir de ese momento se rompe el hielo entre los dos y lo que tiene que suceder con su relación, sucede.

Los temas recurrentes en las obras de Dostoyevski son la condición humana, la pobreza, el amor, el egoísmo, la venganza, la purificación por medio del sufrimiento y todo lo concerniente a la conducta del hombre.

El libro contiene además una parte que me gustó, cuando habla del amor paternal y familiar, que al ser destruido se lleva consigo todo. Refleja una gran sensibilidad y comprensión de los sentimientos y problemas humanos. Leer a Dostoyevski es adentrarse en reflexiones profundas y motivo de discusiones inteligentes. Les deseo momentos placenteros con su lectura.

Otras obras de la pluma del ruso son: Crimen y
Castigo, Los Hermanos Karamazov, El Idiota, Los Muertos, entre otros.

Memorias del Subsuelo

Fiódor Dostoyeski

Traducción de Mariano Orta Manzano

Barcelona, Juventud, 1998.

Págs. 87, 88, 89

179 pp.

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Corrientes Subterráneas

Memorias del Subsuelo

De Fiódor Dostoyevski

 

Mtra. Aurora Ruiz Vásquez

(Septiembre  1922-Abril 2016)

 II parte

Dostoyevski, en sus escritos, señala la realidad, luego el sueño y el ensueño, para volver otras vez a la realidad.

Anticipa, especula con su imaginación los posibles hechos que pudieran suceder y luego vuelve a la realidad.

En una escena se reúne con sus condiscípulos casi en forma forzada pues no lo han invitado, no le hablan, les parece un ser despreciable; al fin quedan en reunirse en un café a las cinco de la tarde para despedir a uno de ellos. Se presenta puntual y tiene que esperar una hora, ya que han cambiado la cita a las seis, sin avisarle, eso le exaspera, lo enfurece y siente deseos de venganza, agredir a alguien hasta el grado de batirse.

En la  reunión  toman alcohol hasta perder la conciencia, a él lo hacen a un lado, se siente humillado y enfurecido. Salen de ahí hacia un prostíbulo, él no tiene dinero, pide prestado. Entran en un subterráneo oscuro donde apenas se distinguen unos ojos inmóviles que brillan en los rincones. En uno de ellos con el reflejo de la luz de un cabo de vela que se consume, advirtió  a alguien que tímidamente le sonreía, se acercó.

Unos ojos penetrantes lo siguieron. Cuando la oscuridad se hizo total y el silencio se impuso, después de unos momentos  que pasó la emoción, se atrevió a hablar.

-Cómo te llamas?

-Lisa.

-¿Cuántos años tienes?

-Catorce.

Sintió un sentimiento atroz, producto del romanticismo y le habló de manera paternal, explicándole los peligros a que estaba expuesta, el porvenir fatal que le esperaba. Lisa hundió la cara en la almohada, bañada de llanto.

Él, arrepentido, avergonzado, se odiaba a sí mismo por haberla mortificado por cosas sin importancia. Llegó a su casa trastornado como un loco pensando en Lisa, quien tal vez lo buscaría, pues le había dado su dirección. No quería verla para que no descubriera la pobreza en que vivía y a la vez la esperaba para pedirle perdón.

Lisa llegó una tarde y lo desconcertó. Después de unos minutos de silencio no sabía qué hacer, cómo tratarla; ella le mostró una carta de un enamorado de su infancia que la exaltaba, demostraba con orgullo que también era digna de despertar un amor honrado.

En la visita hubo momentos de silencio, después él pensaba: ¿A qué hora se va? ¿la quiero o la odio? Estaba furioso consigo mismo.

-¿A qué has venido?

-Quiero…irme… para siempre… de allá abajo, del sótano, dijo ella para romper el silencio.

A partir de ese momento se rompe el hielo entre los dos y lo que tiene que suceder con su relación, sucede.

Los temas recurrentes en las obras de Dostoyevski son la condición humana, la pobreza, el amor, el egoísmo, la venganza, la purificación por medio del sufrimiento y todo lo concerniente a la conducta del hombre.

El libro contiene además una parte que me gustó, cuando habla del amor paternal y familiar, que al ser destruido se lleva consigo todo. Refleja una gran sensibilidad y comprensión de los sentimientos y problemas humanos. Leer a Dostoyevski es adentrarse en reflexiones profundas y motivo de discusiones inteligentes. Les deseo momentos placenteros con su lectura.

Otras obras de la pluma del ruso son: Crimen y
Castigo, Los Hermanos Karamazov, El Idiota, Los Muertos, entre otros.

Memorias del Subsuelo

Fiódor Dostoyeski

Traducción de Mariano Orta Manzano

Barcelona, Juventud, 1998.

Págs. 87, 88, 89

179 pp.

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