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EDITORIAL

Rescates

A veces hasta las buenas intenciones parecen que no lo son. La 4ª T, como se se denomina al nuevo gobierno, parece que no tiene todas las simpatías consigo. Por lo menos se observa mucha discrepancia en medios de comunicación, donde toda acción está sujeta a las más furibundas críticas.

Es evidente que la modificación en el sistema de hacer las cosas no les va a parecer nada bien, sobre todo a quienes estuvieron durante varias décadas bajo el manto del privilegio. Fue un mundo que de pronto cambió.

Y también tiene que aceptarse que forma parte de un régimen democrático que en ocasiones aplicará ciertas maneras de gobernar, ahora distantes de la manera en que se venía haciendo.

El régimen que se fue apostaba todo hacia la privatización de las empresas públicas y con casi nula expectativa hacia la gran mayoría de los ciudadanos.  Ahora ha cambiado la manera de ver las cosas.

Uno de los principales objetivos actuales es el rescate de empresas publicas tan importantes como son la CFE y PEMEX, columna vertebral de la economía del país y que fueron fundadas en la época de Lázaro Cárdenas, el estadista visionario que supo diseñar una nueva nación.

Esas reformas de fines de los años 30 fue consecuencia del abuso de empresas extranjeras que explotaban nuestros recursos naturales. Se les quitó esos privilegios y, en cambio, se endosó la responsabilidad hacia el Estado.

Lo que llama la atención  actualmente es que algunos trabajadores de Pemex, por ejemplo, no observan con  buenos ojos esta transformación. Hasta llegan a cuestionar la nueva refinería, a pesar de la ingente necesidad que se tiene para generar gasolina y que habíamos llegado a la increíble realidad de importarla. Son críticos y no están de acuerdo en las nuevas formas. ¿Será falta de conciencia?.  ¿O tienen razón?.