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REUNIÓN DE AMIGOS, PRÁCTICA COTIDIANA ENTRE HOMBRES QUE SE REÚNEN PARA RENDIR TRIBUTO AL ENCANTO DE LA VIEJA AMISTAD


REUNIÓN DE AMIGOS, PRÁCTICA COTIDIANA ENTRE HOMBRES QUE SE REÚNEN PARA RENDIR TRIBUTO AL ENCANTO DE LA VIEJA AMISTAD

 

 

Pirmasens, Renania-Palatinato, Alemania.

Hay un factor indestructible que existe entre los hombres y éste tiene que ver con la amistad. Con más de 50 años, amigos que se conocieron desde la infancia se reúnen una vez a la semana para recordar anécdotas y hacer comentarios de la vida cotidiana.

Se trata de un concepto que se llama Stammtisch, que es la Mesa de la Tribu o reunión de amigos, que rinden tributo a uno de los conceptos más añejos de la  amistad que se fortalece y afianza  en la ocasión de la convivencia.

“Es una tradición muy alemana y que se fomenta por todos los rincones del país,  sin otro propósito que la de reafirmar la amistad, una de las expresiones más bellas que puede tener el ser humano”, dijo Hans Peter Schuster, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad Popular de Pirmasens.

La reunión es en medio del bosque, a unos cuantos kilómetros de Pirmasens, donde se localiza el restaurante Naturfreundehaus. La cita es las 5 de la tarde y la despedida son dos horas después, lo que ocurre con la puntualidad alemana que distingue estas reuniones.

A la hora pactada, llegan a la cita: Adolf Diener, Herbert Tiefenthaler, Eugenio Rothermel, Hans Müller, Tony Persard y Peter Schuster.

Ahora, la mayoría de los miembros de esta reunión está jubilada, pero hay quienes aún realizan actividades profesionales.

Hay un invitado de ocasión a esta reunión que solo observa porque no tiene conocimiernto elemental del idioma. Se percata de la solidaridad del grupo. Uno de ellos, el Dr. Persard Les lleva unas bebidas llamadas Schnaps, que es un licor.

Eugenio, por su parte, les convida una porción de carne de puerco, semicocida. La plática se genera espontánea. Hay sonrisas, miradas de aprobación. El médico cuenta una anécdota de un hombre que falleció en la indigencia, encontrado días después de su deceso en casa.

Lo extraño es que el hombre era millonario, pero vivía en condiciones precarias. En tanto se sirven los platillos: salchicha, col agria, morcilla e hígado.

El reloj marca las 7 de la noche y es hora de retirarse. Se despiden con la convicción  de encontrarse la próxima semana. Y así lo seguirán haciendo. Ya están lejanos los tiempos en que se reunían para caminar, hacer turismo y  otras actividades paralelas.

En una fecha posterior, se dio a conocer que Adolf Diener, miembro del grupo, falleció a causa de un derrame cerebral. Nuestras condolencias a su familia y a los amigos. Que descanse en paz.