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EDITORIAL

EDITORIAL

Con la nueva administración federal se plantean retos y controversias que han marcado el rumbo y que en algunos casos se observan positivas acciones y, por otra parte, en pendientes que se tornan complicados sobre todo en materia de seguridad y en el referente económico.

Sin embargo el aspecto toral tiene que ver con la ausencia de unidad en torno a una representación federal. Desde la época de Benito Juárez mencionaba con énfasis la importancia de unificar al país  y que el objetivo básico fuese la unidad ciudadana.

Parece que existe siempre una polarización y el término sólo se quede en buen deseo y a nivel de discurso. Tal vez éste sea el problema que  ha dificultado el andar de la nación por un camino mejor empedrado y lleno de esperanza.

Los descalificativos se encuentran a la orden del día y cuando llega un presidente no faltan los adversarios que todo lo observan mal, sin otorgar ni siquiera la humildad de reconocer aciertos.

Es verdad, por otra parte, que la incapacidad, la ambición y el desmedido afán de poder y de dinero han sido los distintivos de la clase política mexicana en los últimos 30 años por lo menos que ha impedido un sano desarrollo de la nación.

La parálisis económica ha sido la consecuencia, se ha incrementado la masa de pobres en un porcentaje mayor al 50 por ciento en una población de 120 millones de personas, la economía está maltrecha y la esperanza de una mejor de vida  se observa distante.

Esperemos que en los próximos meses haya resultados positivos, no se culpen a los representantes del pasado, que se ejerza la justicia en contra de los defraudadores del erario y que esta nación, México, por fin emerja hacia su pleno desarrollo  y bienestar de las mayorías, por encima del privilegio hacia unos cuantos.