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PIEDAD ANIMAL

La historia del Burro Atropellado

Corría el año 1975 cuando un vehículo golpeó a un burro sobre la carretera que llevaba hacia Boca del Río, a la altura de lo que era La Tropicana. El jumento quedó tirado a un lado del camino que entonces era sólo de un carril y ya empezaba a oscurecer, precisamente en plena despedida del Año viejo.

Enfrente, se encontraba la casa de la familia del profesor Miguel Hernández Pérez y su esposa Candelaria Adriano, junto con sus hijos Concepción, Miguel, Octavio y Javier, quienes empezaban a celebrar fecha tan significativa.

Entonces, la familia se percató del accidente y jalaron el burro, que estaba inmóvil, hacia una zona de mayor protección.

De ahí se produjo una pronta identificación con el animal. A la par que ya estaban en la víspera de la cena de Año Nuevo, el maestro Miguel lo empezó a acariciar y platicaba con él.

“Aquí estamos contigo”, le decía, en tanto que Miguel, el hijo, lo abrazaba ante el azoro del jumento.

En tanto la maestra Candelaria que se encontraba en la cocina preparando los alimentos, se mostraba extrañada. Se percató que la familia ya no estaba reunida en la sala, sino que se encontraba departiendo en torno ¡a un burro!

La sala de la casa se trasladó hacia afuera y el burro accidentado era el motivo. ¡Salud!, le decían al burro en tanto que levantaban las copas de vino.

 Pasaban los minutos, el burro era bien atendido, le dieron agua y de comer y ya le habían llamado al Veterinario para que lo atendiera y lo entablillara.

Tanto el maestro como sus hijos siguieron departiendo con el burro y éste escuchó muchas anécdotas.

Con los días, apareció el dueño del Burro. Fue con una camioneta para llevárselo ante el llanto de sus inesperados amigos.

Sin duda, fue un Año Nuevo singular en donde el espíritu fraterno surgió en todo su esplendor y la piedad humana se manifestó en toda su plenitud.

A la hermana, Concepción, se le quedó grabado en la mente y en el alma tal acontecimiento porque además de jocoso en un momento dado, también mostró la pureza del más sublime acto humano.