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ALEMANIA ENFRENTA EL RETO DE GARANTIZAR ELECTRICIDAD ACCESIBLE Y RENOVABLE MIENTRAS SE DESPIDE DE LA ENERGÍA NUCLEAR

Entrevista con el Ing. Juan Carlos Ramón Larruz, líder del Departamento Digital de Energía de Sajonia

Múnich, Alemania

Este año se desconectaron las últimas tres plantas nucleoeléctricas de Alemania, culminando así una decisión política que puso fin a la era nuclear en un país que llegó a depender hasta en un 30 % de esta tecnología, con un parque de generación que incluía 37 reactores. Aunque su ejecución se aceleró tras el accidente de Fukushima en 2011, el abandono nuclear o Atomausstieg fue un proceso largo, respaldado por gobiernos de distintas orientaciones políticas y arraigado en una opinión pública históricamente escéptica ante esta tecnología.

Sin embargo, el contexto energético europeo ha cambiado profundamente. La escalada en los precios de la electricidad, la fallida apuesta por el gas ruso como fuente barata y segura, y las recientes derrotas electorales de los partidos Verde y de izquierda han modificado la percepción social. “Si la sociedad alemana tuviera que votar hoy, probablemente adoptaría una postura más favorable hacia la energía nuclear”, señala el Ing. Juan Carlos Ramón Larruz, líder del departamento Digital de Energía de Sajonia.

Ingeniero mecánico por el Tecnológico de Monterrey y con una maestría en Energía por la Universidad Técnica de Múnich, Ramón Larruz explica que las condiciones de 2011 difícilmente pueden compararse con las actuales. “El impacto emocional de Fukushima moldeó una opinión pública basada más en el temor que en un análisis integral de los efectos ambientales, económicos y de seguridad energética”, afirma. Hoy, mientras Alemania intenta sostener su ambicioso plan de transición energética, observa cómo varios de sus vecinos —Francia, Polonia o la República Checa— apuestan por ampliar o reactivar la generación nuclear como complemento clave para reducir emisiones y estabilizar precios.

Los resultados de las últimas dos décadas son elocuentes. El costo del kilowatt-hora prácticamente se triplicó entre 2000 y 2025, la reducción de la generación fósil ha sido más lenta de lo anticipado, y la expansión renovable enfrenta limitaciones regulatorias, sociales y de infraestructura. “Aunque sería simplista atribuir todos los problemas al Atomausstieg, el cierre acelerado del parque nuclear alemán dejó al sistema menos diversificado y, por tanto, más vulnerable”, explica.

Pese al cambio en la opinión pública, un regreso pleno a la energía nuclear no parece factible. Las plantas de nueva generación implican inversiones multimillonarias, largos plazos de construcción y riesgos de sobrecostos, lo que dificulta justificar proyectos en un entorno político y económico incierto. A ello se suman los desafíos sociales: aunque más alemanes apoyan la energía nuclear, pocas comunidades aceptarían un reactor en su localidad. “La discusión sobre mantener en operación los reactores existentes era muy distinta de la que implica construir nuevas plantas desde cero. Y la respuesta, hoy, es compleja”, señala el ingeniero.

Con experiencia en modelación climática y simulación energética —incluida la elaboración de un plan para el Sudeste Asiático con modelos desarrollados en Singapur—, Ramón Larruz sostiene que la solución para Alemania no consiste en mirar al pasado, sino en fortalecer su arquitectura energética futura. Entre las medidas clave señala ampliar las interconexiones que permitan llevar la energía eólica del norte hacia los centros industriales del sur; profundizar la cooperación con países vecinos para robustecer el sistema eléctrico europeo; y acelerar la adopción de tecnologías digitales que faciliten una mayor integración renovable, como medidores inteligentes, redes flexibles y tarifas dinámicas. Asimismo, destaca que reducir la burocracia es esencial: los proyectos de inversión en transmisión y distribución suelen prolongarse durante décadas debido a obstáculos regulatorios que frenan el desarrollo técnico.

“El reto no es únicamente técnico”, subraya. “Los sistemas energéticos son estructuras complejas, donde convergen factores sociales, económicos y geopolíticos. Para diseñar políticas sostenibles se requiere basarse en datos y evaluar cada decisión bajo tres criterios fundamentales: costo económico, impacto ambiental y seguridad del suministro.” En su visión, la lección alemana es clara: la diversificación es un seguro contra la volatilidad, y las decisiones energéticas guiadas por ideologías o presiones coyunturales pueden generar costos que se manifiestan años después.

Originario de Veracruz, México, donde cursó su educación básica en el Colegio José Joaquín Fernández de Lizardi, Juan Carlos Ramón reside desde hace varios años en Alemania, país en el que ha desarrollado su trayectoria profesional y donde participa en la construcción del futuro energético europeo.